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jueves, 6 de febrero de 2025

Taller online de Escritura Creativa 2025

 


En este taller vas a descubrir tu voz única.

Vas a recibir ejercicios inspiradores y a conocer diversas técnicas narrativas para crear todo tipo de historias.

Los grupos son reducidos para que disfrutes de una atención personalizada

No importa si sos principiante o tenés experiencia. Acá hay espacio para todos.

Escribime para conocer más detalles. Te espero.

martes, 12 de marzo de 2024

Historias de nuestra Historia

 ¡Ya está en venta! Un libro en PDF para leer en la computadora o en el celular. Se envía gratis por mail una vez hecha la compra.

Son ocho historias de personajes reales de la Historia argentina. Hay un chileno también que, como ayudó a San Martín, está entre nuestros héroes. 

Ocho cuentos para aprender, leer, narrar y recordar.



Todo aquel que esté interesado en adquirirlo (cuesta $2900), por favor, comuníquese conmigo a maritacazapalabras@gmail.com

viernes, 2 de febrero de 2024

Soñar

 


Es hora de soñar duendes. Nada de viajes, de comidas o de carreras; tampoco pesadillas: solo duendes. Serán duendes pequeños, de esos que siempre sonríen, visten de verde y habitan los bosques. Duendes buenos, simpáticos, alegres. Duendes que tocan instrumentos y cantan canciones pegadizas.

¿Cómo se hará para elegir los sueños? Tal vez si leo cuentos de duendes y veo películas y series protagonizadas por ellos durante todo el día, su visión se prolongue por la noche.  Tal vez si duermo abrazada al duende pelirrojo que compré en Tenerife y está sobre mi cama con sus cascabeles, él me guíe entre las cortinas del sueño.

Es hora de soñar duendes. Y de dejar de soñarte.

Marita von Saltzen

Próxima aparición


Ocho personajes de nuestra Historia cuyas vidas fueron memorables. 

Ocho cuentos para recordarlos en narraciones amenas. 

En formato ebook únicamente, para leer en una computadora, en un celular o en un libro electrónico.

jueves, 18 de enero de 2024

Lluvia (Cuento)

 


Fue un amanecer poco común. Los que madrugaron, pudieron ver que ese día llovían besos.

Muy contrariado, un hombre de traje oscuro abrió su paraguas —lo llevaba siempre, aun en días soleados— para que ningún beso pudiera rozarlo.

Una viejita, que arrastraba un changuito, inclinó su cara para atrapar algún besito entre los pliegues de su mejilla. Otra, que también había salido para hacer las compras, abrió su bolsa con las dos manos: si lograba llenarla, disfrutaría de los besos más tarde, acurrucada en el sillón para disfrutar de la novela de la tarde.

Como un pajarito (Cuento)

 


Tenía diez años y era muy delgada. Sus padres y su abuela estaban sumamente preocupados. La mamá la llevó al médico:

—Come como un pajarito —le dijo.

El doctor le recetó vitaminas y un estimulante para abrir el apetito.

Ella seguía demorando mucho en cada comida y dejaba la mitad de lo que le servían.

—No tengo hambre, mamá.

viernes, 30 de septiembre de 2022

La lectora (Microcuento)

 

Pintura de Vladimir Volegov

El día transcurría entre el sol primero y la luna niña. Ella leía para escapar de su dolor áspero y punzante. Entre las páginas de la novela, lograba un mágico vuelo celeste.


Marita von Saltzen




       Mujer lectora de Vladimir Volegov


sábado, 11 de junio de 2022

La bendición (Cuento)


Esbelto, grácil, así era Zolco, el unicornio. Emergió un día de las aguas del río de la Plata y ensayó sus primeros pasos en el bosque de alisos de la Reserva Ecológica. Corría entre los árboles mientras algunas ramas maltrataban su cuerpo de plata. Miraba desorientado, asustado; lucía su natural timidez transformada en miedo.

Cuando entró en el pastizal de cortaderas, su cola larga quedó atrapada entre las espinas. Entonces usó su cuerno de cristal, que señalaba la luna, para sus primeros pases de magia.

Liberado por fin, entró en la ciudad.

Dicen que solo los poetas y los espíritus sensibles pudieron verlo. 
Vos y yo nos paralizamos frente a él. Zolco detuvo su loca carrera entre los edificios del centro y nos miró. Sé que los unicornios no pueden sonreír, pero podría jurar que lo hizo. Luego, inclinó su cabeza hacia nosotros mientras doblaba su pata derecha en una extraña reverencia. Ambos sentimos que nos atravesó un rayo lumínico desde su cuerno cristalino, como si bendijera nuestro amor.
Fue apenas un instante, antes de perderse en la vorágine de Buenos Aires.

Marita von Saltzen

viernes, 13 de mayo de 2022

Aullidos (Cuento)

 

Un aullido ensordecedor interrumpió todas las conversaciones.

Mariana dejó de comentarle a Araceli las novedades del club de bridge. Esteban y Hernán dejaron la pelota en el aire en el relato del gol increíble del delantero de San Lorenzo. Mónica pegó un respingo y, sin proponérselo, dejó caer el celular; su hermano, del otro lado de la comunicación, repetía “hola, hola” …

–¿Escucharon eso? –preguntó Mariana sin esperar respuesta.

¿–De dónde vino? –quiso saber Mónica.

Comenzó la discusión: del departamento de la derecha o del de la izquierda, del de arriba o del de abajo, del pasillo, de la calle… Imposible ponerse de acuerdo.

–Las paredes de estos edificios nuevos son de papel –aseguró Esteban–. Eso vino del departamento de al lado –Y señaló a la derecha.

–¿Quién vive ahí? –quiso saber Hernán.

miércoles, 20 de abril de 2022

En el baño (Cuento)

La mujer entró en el baño de la estación. Solo había dos compartimientos. Los dos parecían desocupados. Empujó la puerta de uno de ellos y una mano la cerró con fuerza desde el interior.

—¡Ocupado! —gritó. 

—Disculpe. No está puesta la traba.

No hubo respuesta. Cuando entró en el cubículo de al lado, escuchó el trac de la otra puerta. Puso tiras de papel sobre la tabla y se sentó. En ese momento, escuchó el inequívoco y desagradable sonido de la otra mujer que vomitaba. Tuvo que contener una arcada; siempre le pasaba lo mismo: no toleraba eso ni en las películas.

—¿Está usted bien? —preguntó en un esfuerzo.

—Sí… bueno… no… Pero no se preocupe.

jueves, 3 de diciembre de 2020

A la ronda redonda (Cuento)

 

Ronda camina nerviosa por las calles de Parque Chas. Es una mañana de sol.

Ella se cubre con una sombrilla a lunares para no lastimar su piel. Por un camino bordeado por naranjos, llega a la plaza. Ve la calesita de madera y, como no hay chicos jugando, se sienta y la hace girar. Gira la calesita y gira el tiempo de su infancia, cuando ella hacía lo mismo en el jardín de su casa, cerca de los manzanos y de los ciruelos.

De pronto, un mal recuerdo la obliga a detenerse. Se baja y casi corre cuando una pelota se interpone en su camino. Unos chicos le hacen señas y Ronda alza la pelota y se las lanza.

Decide regresar, desandando sus pasos por la calle de los naranjos, pero no la encuentra. Anda y anda mucho tiempo, perdida en ese barrio circular tan difícil como un laberinto.

Ronda camina nerviosa por las calles de Parque Chas. Es una noche de luna llena.

 Marita von Saltzen

martes, 1 de diciembre de 2020

Pregones y cuentos (Cuento)

 


Dicen que, en Tucumán en 1816, entre los pregones habituales, se escuchaba:

—Cuentos, cuentos, cuentos… Novedades para todas las edades… Historias para la buena memoria…

martes, 9 de junio de 2020

Sonrisas en cuarentena (Cuento)

Sonó el timbre. ¡Qué alegría! Desde que estoy en cuarentena sola en casa, nadie puede venir a visitarme. Son los moldes de silicona para repostería que compré. Últimamente estoy haciendo un postre tras otro y lo peor es que los como yo sola.

Abro la puerta y le aviso al muchacho que enseguida voy. Entro, me pongo el tapabocas (el de flores, el más bonito de los diez que me hice), y atravieso el patio hasta la reja.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Al fin (Cuento)



Ningún lugar es un lugar más. Por eso el encuentro debe ser allí. Y a solas.
Dos sillones níveos vestidos de largo, con los brazos extendidos uno hacia el otro, listos para el abrazo, pero separados por una mesa cuadrada, exacta en su solo pie. Dos copas sobre la mesa. Detrás, cortinados larguísimos, cubriendo ventanales ausentes. Una lámpara de metal penderá para iluminarlo todo; sin embargo, la luz deberá estar apagada. Bastará con el resplandor tenue del afuera.
Él se sentará frente a vos y te dirá:

domingo, 3 de julio de 2016

Decisión (Cuento)

Miró la escalera. Los escalones se veían brillantes, como recién encerados. Eran solamente trece -los había contado tantas veces…-, pero le parecían más. La escalera eterna estiraba su decisión. Pero sin duda había llegado el momento. Bajó la mirada y estiró el cuello de la remera en busca de aire.
Volvió a mirar la escalera y la imaginó de agua, imposible de subir. Sacudió la cabeza.
Seguía tomado del barral que hacía de pasamanos y no se atrevía siquiera a poner un pie en el primer escalón.

martes, 3 de marzo de 2015

Casa de cambio (Cuento)


     Marina era maestra de tercer grado en una escuela a diez cuadras de su casa. De lunes a viernes salía temprano, con el tiempo justo para hacer el recorrido a pie, tranquila, sin ningún temor a llegar tarde. Para ella, era la mejor manera de empezar el día absolutamente relajada, después de un ejercicio que, sin duda, le hacía muy bien.
     El grupo de alumnos que le había tocado ese año no era nada fácil: muchos chicos tenían dificultades de aprendizaje; un par de sinvergüenzas se dedicaba a molestar a los demás; un nene con serios problemas familiares no lograba adaptarse al grupo, ni a ella, ni a la escuela. En fin, Marina llegaba exhausta a la hora de salida y no había caminata que lograra calmar su estado nervioso. Solo la soledad, el silencio y la tranquilidad de su casa conseguían el milagro.

viernes, 9 de enero de 2015

Invitación (Cuento)


    El muchacho se parecía a la palabra fantasma. Pero no era un fantasma; yo estaba segura. Lo veía todos los días en la estación Acoyte del subte A. Todas las mañanas, yo esperaba en el andén, para ir al trabajo. Él me saludaba junto al cartel de propaganda, en medio de las vías.
   Sonreía, agitaba su mano izquierda (porque con la derecha sostenía la jabalina) e inclinaba su cabeza, mientras me decía “Buen día, preciosa”. Era bastante alto, de cabello oscuro y ojos grandes. Su sonrisa dejaba ver los dientes blanquísimos y estiraba los labios gruesos. Llevaba ropa deportiva: pantalón corto azul, remera blanca y zapatillas del mismo color. La ropa parecía un poco antigua.
   Las primeras veces, yo miraba a la gente que estaba a mi lado. Nadie parecía reparar en él. Una vez, me animé y le pregunté a un hombre gris de traje gris con portafolios gris:
    —¿No le parece peligroso que aquel muchacho esté en medio de las vías?
    —¿Qué muchacho? —preguntó el hombre gris.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Puntualidad (cuento)

La persistencia de la memoria de Salvador Dalí
Son las doce menos cinco. La señora, que debe salir de su casa a las doce en punto vestida con pantalón negro y saco rojo, se monta en su bicicleta  y parte por la calle de tierra.

De pronto se detiene sin apoyar en el suelo ningún pie. Se diría que se detiene en el tiempo y no en el espacio. Ninguna parte de su cuerpo se mueve: ni la mirada al frente, ni  la sonrisa discreta, ni el cabello volado por la brisa.

viernes, 11 de julio de 2014

La comadreja (Leyenda + cuento)

Por la noche o en la madrugada, suele verse en el campo. Y menudo susto nos pegamos.
La primera impresión es que se trata de una rata gigante, pero este animalito no es ni pariente lejano de esos feos roedores. Se trata de un marsupial, como el canguro, con la cola fina, larga  y prensil, como el mono, y el cuerpo cubierto de pelos, como un perro. Aunque no es más grande que un gato, su presencia asusta; sin embargo, rara vez se muestra agresiva.
Para descansar, sus lugares preferidos son los huecos de los árboles, los espacios entre rocas o troncos, los nidos o  madrigueras de otros animales y los espacios cerrados y oscuros como los galpones.

lunes, 2 de junio de 2014

Un hada del arrabal (Cuento)

Transparencia tanguera de Roberto Volta
Eusebio es un hombre bien hombre: un verdadero macho argentino.
Ama el tango y el mate. Le gustan el fútbol y los perros. Respeta a los gatos y a las mujeres. Todo en ese orden.
Será por una cuestión de orden, entonces, que la mujer un día se le piantó. Ya estaba harta de ser “el último orejón del tarro” - como dicen-, pasarse todo el día cebando mate, fregando y atendiendo al hombre, para que los sábados él se fuera solo a la milonga. “No me voy de garufa, me voy a bailar. Si vos no servís ni pa’ tararear un tango... ¿a qué vas a venir?...a junarme nomás... No te pongás cargosa... querés...”
La mujer se le fue con otro. Otro que bailaba boleros, tomaba café o gaseosa y le traía flores al menos dos veces por semana.
Y ahí se quedó Eusebio: solo como un perro y con el perro, con la heladera llena de carne (para el perro, que era el único que la comía cruda), aburrido de cebarse su propio mate, con un montón de ilusiones perdidas y otro montón de pilchas para lavar y para planchar.