viernes, 20 de marzo de 2015

30 de marzo: Día del Narrador

Para todos mis amigos narradores, este poema de Alejandra Oliver Gulle que refleja lo que todos sentimos. Brindo por ustedes y especialmente por vos, mi querida Ale.
Marita

domingo, 8 de marzo de 2015

Los verbos: concordancia y algo más

* Concordancia: En las oraciones subordinadas, el tiempo del verbo tiene que concordar con el tiempo de la oración principal.
Por ej.: -¿Por qué te vas?
-El jefe me dijo que fuera a comprar algo.
No es correcto: -El jefe me dijo que vaya a comprar algo.
Si “decir” está en pasado, “ir” también tiene que estar en pasado, aunque el sujeto todavía no haya realizado la acción.


* Las formas hay, había, hubo, etc. del verbo “haber” usado impersonalmente, no tienen plural.
No debe decirse: “Hubieron dificultades.”

martes, 3 de marzo de 2015

Casa de cambio (Cuento)


     Marina era maestra de tercer grado en una escuela a diez cuadras de su casa. De lunes a viernes salía temprano, con el tiempo justo para hacer el recorrido a pie, tranquila, sin ningún temor a llegar tarde. Para ella, era la mejor manera de empezar el día absolutamente relajada, después de un ejercicio que, sin duda, le hacía muy bien.
     El grupo de alumnos que le había tocado ese año no era nada fácil: muchos chicos tenían dificultades de aprendizaje; un par de sinvergüenzas se dedicaba a molestar a los demás; un nene con serios problemas familiares no lograba adaptarse al grupo, ni a ella, ni a la escuela. En fin, Marina llegaba exhausta a la hora de salida y no había caminata que lograra calmar su estado nervioso. Solo la soledad, el silencio y la tranquilidad de su casa conseguían el milagro.

viernes, 27 de febrero de 2015

¡Se viene Leyendario!

En los primeros días de marzo verá la luz el primer número de Leyendario, mitos, leyendas y algo más. Espero comentarios. ¡Gracias!

jueves, 22 de enero de 2015

La garza blanca


Su plumaje blanco y su porte elegante se distinguen de lejos cerca de un curso de agua o en un campo inundado. Cuando vuela, lentamente y con el cuello recogido, se recorta su silueta en el color celeste, gris o rosado del cielo.
De pie en el fondo, observa quieta el curso de agua, para lanzar un picotazo certero cuando un pez o una rana pasa por allí. Si nada consigue, se conforma, ya en tierra, con algún insecto o un pequeño reptil.
Sus plumas nupciales –egretas- casi la llevaron a la extinción en el siglo XIX, cuando se las usaba para adornar los sombreros. Por suerte, la moda pasó y las poblaciones de garzas sobrevivieron. Hubiera sido una pena no ver más a estas bellísimas aves que están presentes hasta en la mitología griega. ¿No les parece?

lunes, 19 de enero de 2015

BlaBlerías de enero

En enero, como siempre, varios cuentos, un poema y artículos que te van a interesar, de aquí, de allá y de más allá. Y no olvides que en cada triangulito encerrado en un pequeño círculo, hay algo lindo para escuchar. Es hora del placer.


Click en este link: http://joom.ag/Dbjb

Cuentos para acariciar el alma



El 10 de enero tuve el enorme placer de participar en el encuentro organizado por Ilda Viñals, junto a Daniel Britto, Teresita Fernández, Deolinda Colman, dos músicos deliciosos, Matilde Guerrero y Laura Finger. Aquí, algunas imágenes.


 ¡Gracias por las fotos, Daniel!









viernes, 9 de enero de 2015

Invitación (Cuento)


    El muchacho se parecía a la palabra fantasma. Pero no era un fantasma; yo estaba segura. Lo veía todos los días en la estación Acoyte del subte A. Todas las mañanas, yo esperaba en el andén, para ir al trabajo. Él me saludaba junto al cartel de propaganda, en medio de las vías.
   Sonreía, agitaba su mano izquierda (porque con la derecha sostenía la jabalina) e inclinaba su cabeza, mientras me decía “Buen día, preciosa”. Era bastante alto, de cabello oscuro y ojos grandes. Su sonrisa dejaba ver los dientes blanquísimos y estiraba los labios gruesos. Llevaba ropa deportiva: pantalón corto azul, remera blanca y zapatillas del mismo color. La ropa parecía un poco antigua.
   Las primeras veces, yo miraba a la gente que estaba a mi lado. Nadie parecía reparar en él. Una vez, me animé y le pregunté a un hombre gris de traje gris con portafolios gris:
    —¿No le parece peligroso que aquel muchacho esté en medio de las vías?
    —¿Qué muchacho? —preguntó el hombre gris.