domingo, 31 de mayo de 2015

Esta es la nueva Leyendario

Más mitos y leyendas en este nuevo número. Y poemas, canciones, imágenes y curiosidades.

Este es el link: http://joom.ag/0Irb

lunes, 18 de mayo de 2015

Uso y abuso de los puntos suspensivos

Si uno es lindo, simpático y bueno, la gente abusa…
¿Será por eso que muchos abusan de los puntos suspensivos? Nadie lo pone en duda: son bonitos, prácticos y fáciles de usar. ¡Pero hay tantos otros signos de puntuación! Además, ¿realmente son tan fáciles de usar?
A veces, leo un texto que tiene tantos puntos suspensivos, que más que un texto parece un suspiro.
Vamos a ver, entonces, cuándo deben utilizarse.

domingo, 19 de abril de 2015

BlaBlerías de abril


¡Salió la nueva BlaBlerías! 

¿Qué trae este número?: un poema de César Vargas, artículos de Inés Grimland, Vivi García, Alejandra Oliver Gulle, María Azucena Villoldo y Marita von Saltzen, un cuento de Keiko Furuzawa y otro de Sergio Martínez, videos de Rafo Díaz y de Pedro Parcet, entrevistas, buena música, crónicas, galerías de fotos y un homenaje a nuestra querida Nora Maretto.
¡No dejes de leerla, de verla y de escucharla! Ojalá te guste.

http://joom.ag/U7mb



viernes, 20 de marzo de 2015

30 de marzo: Día del Narrador

Para todos mis amigos narradores, este poema de Alejandra Oliver Gulle que refleja lo que todos sentimos. Brindo por ustedes y especialmente por vos, mi querida Ale.
Marita

domingo, 8 de marzo de 2015

Los verbos: concordancia y algo más

* Concordancia: En las oraciones subordinadas, el tiempo del verbo tiene que concordar con el tiempo de la oración principal.
Por ej.: -¿Por qué te vas?
-El jefe me dijo que fuera a comprar algo.
No es correcto: -El jefe me dijo que vaya a comprar algo.
Si “decir” está en pasado, “ir” también tiene que estar en pasado, aunque el sujeto todavía no haya realizado la acción.


* Las formas hay, había, hubo, etc. del verbo “haber” usado impersonalmente, no tienen plural.
No debe decirse: “Hubieron dificultades.”

martes, 3 de marzo de 2015

Casa de cambio (Cuento)


     Marina era maestra de tercer grado en una escuela a diez cuadras de su casa. De lunes a viernes salía temprano, con el tiempo justo para hacer el recorrido a pie, tranquila, sin ningún temor a llegar tarde. Para ella, era la mejor manera de empezar el día absolutamente relajada, después de un ejercicio que, sin duda, le hacía muy bien.
     El grupo de alumnos que le había tocado ese año no era nada fácil: muchos chicos tenían dificultades de aprendizaje; un par de sinvergüenzas se dedicaba a molestar a los demás; un nene con serios problemas familiares no lograba adaptarse al grupo, ni a ella, ni a la escuela. En fin, Marina llegaba exhausta a la hora de salida y no había caminata que lograra calmar su estado nervioso. Solo la soledad, el silencio y la tranquilidad de su casa conseguían el milagro.