jueves, 18 de enero de 2024

Lluvia (Cuento)

 


Fue un amanecer poco común. Los que madrugaron, pudieron ver que ese día llovían besos.

Muy contrariado, un hombre de traje oscuro abrió su paraguas —lo llevaba siempre, aun en días soleados— para que ningún beso pudiera rozarlo.

Una viejita, que arrastraba un changuito, inclinó su cara para atrapar algún besito entre los pliegues de su mejilla. Otra, que también había salido para hacer las compras, abrió su bolsa con las dos manos: si lograba llenarla, disfrutaría de los besos más tarde, acurrucada en el sillón para disfrutar de la novela de la tarde.

En el jardín de una casa, un perrito ladró contento un buen rato con su colita abanicando besos.

Una señora salió corriendo asustada: nunca en su vida había recibido tantos besos juntos (la pobre).

Algunos niños de guardapolvo blanco hicieron una ronda, cantaron y, mientras veían caer besos de todos colores, armaron un ramillete para la maestra.

A mitad de cuadra entre la boca del subte y la verdulería, una pareja joven discutía a los gritos. Ni siquiera habían notado esa lluvia tan peculiar, cuando un beso grande, muy rojo, se detuvo entre sus rostros enfrentados.

 No lo pensaron: simultáneamente, estiraron sus bocas para atraparlo. Un buen rato lo retuvieron entre sus labios. Después, comenzaron a caminar abrazados.

Marita von Saltzen

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